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Infancia Docencia

La sociedad del cansancio comienza con los deberes

Por César Poyatos3 min de lectura

La sociedad del cansancio comienza con los deberes

Mi hijo lleva toda la mañana de sábado anclado a los deberes que le ha mandado su maestro. Todavía no ha terminado: le queda inglés y matemáticas. Mientras lo veía redactando, no he podido evitar conectar este hecho con el discurso de Byung-Chul Han de ayer y con su libro La sociedad del cansancio.

Creemos ser libres, pero en realidad vivimos en un régimen neoliberal que explota la libertad. — Byung-Chul Han

¿No estamos alfabetizando ya a nuestros hijos para esa misma lógica?

¿Para trabajar incluso en su tiempo libre, para convertir el ocio en productividad? ¿Quiénes somos, los docentes, para disponer del tiempo libre de la infancia, cuando ya pasan entre cinco y seis horas diarias en la escuela?

Les enseñamos que el valor de su tiempo depende de lo útil, de lo productivo que sean en esta sociedad del rendimiento. Los deberes se han convertido en una herramienta de domesticación: el «haz más», el «siempre puedes mejorar» del que habla Han. Y ese exceso de «poder hacer» termina generando lo mismo que denuncia el filósofo: cansancio, ansiedad, culpa y autoexplotación.

Nos parecemos al siervo que arrebata el látigo a su amo y se azota a sí mismo para sentirse libre. — Byung-Chul Han

Estamos limitando su libertad individual. Entrenamos a las niñas y niños para que un día aprendan a azotarse solos con su agenda. Y sin embargo, ¿dónde queda el tiempo para jugar, socializar, aburrirse, mirar el cielo, disfrutar de la familia, o simplemente no hacer nada? Como dice Han, necesitamos volver al cansancio curativo, al «no hacer» que nos humaniza.

Una contradicción que deberíamos pensar con calma

Como docente de futuras maestras y maestros de primaria, también me lo cuestiono. Rara vez les mando tareas para casa y se quejan. Se quejan por tener que hacerlas, aunque esas horas les cuentan en créditos ECTS y, por tanto, forman parte oficial de su formación. Y yo me pregunto: ¿qué pasa luego por su cabeza cuando llegan a un colegio y empiezan a llenar las mochilas de deberes?

Quizás sea hora de replantearnos esta costumbre heredada. De dejar espacio al aburrimiento, al juego, a la lentitud, al vínculo. De educar también para el descanso y no solo para el rendimiento.

«Algo no funciona en nuestra sociedad», dijo Han. «Nos creemos más libres que nunca, pero saltamos de una dependencia a otra». Para nosotros, ese «algo» que no funciona son los malditos deberes que nos tienen anclados a la mesa, cuando deberíamos estar en el parque, jugando y socializando.

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